Hace mucho tiempo, en una galaxia lejana, muy lejana…

Un anciano y experimentado maestro advertía de esta forma a su joven e intrépido aprendiz «no, no lo intentes… hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes».

De esta forma el viejo maestro Jedi intentaba hacer comprender al joven Skywalker, que para poder enfrentarse a su destino, iba a necesitar muchas cualidades, pero sobre todo, iba a necesitar compromiso.

Lo más importante es la ciencia… dicen ahora

En cierta ocasión, durante una entrevista poco antes de fallecer, escuché a Zygmunt Bauman afirmar con vehemencia, que vivimos en un momento de la historia, en el que es imposible predecir hacia dónde vamos. Como sociedad, naturalmente.

Si esta afirmación viniese de otras muchas personas, es posible que no le diéramos valor. Pero viniendo de Bauman, algo de credibilidad deberíamos darle. Digo yo… para eso estamos ahora en la era de «la ciencia». Basta con escuchar un poco cualquier noticiario (tampoco demasiado, como recomendación), para descubrir, no sin asombro, como los representantes públicos (y otros mediáticos) abogan ahora por la ciencia constantemente, como cuando un niño conoce por primera vez las vacaciones en la playa…

Pero cuidado. Porque lo más relevante en la descripción o en la explicación de «algo», no reside en lo que se pronuncia, sino en lo que se omite. Para fomentar la investigación y el pensamiento científico, no es necesario ningún discurso. No necesito «creermelo». Lo que necesito es que me lo demuestren. Lo que necesito es su compromiso. Y lo más importante en este caso, es no olvidar que la ciencia no se debe circunscribir sólo a aquello que sabemos en el campo que sabemos, sino que debe dirigirse también, y principalmente, a aquello que no sabemos en el campo de lo desconocido. Porque sin lo segundo, lo primero ni siquiera existiría. Y en el campo de lo desconocido, entran aún muchas, muchísimas cosas.

Volviendo a Bauman y el compromiso…

Este artículo, iba a ser originalmente una alegato riguroso en favor de las personas experimentadas. No sé si lo conseguiré. Personas que son apartadas con premeditación y negligencia de su derecho de enfrentarse a su destino.

(se suele apelar al concepto de «más de 45 años». Ciertamente no estoy de acuerdo con esto. Seguro que las hay con menos, que también lo sufren).

Esto quiere decir que, en última instancia, yo escojo mi destino. Porque si me lo impones, no es mi destino, es el que tú quieres que yo lleve. Se parece, pero no es igual. No es que deje de ser libre. Es simplemente que me privas de las mismas elecciones que tú sí puedes tomar. Por ejemplo, bastaría pensar en que Luke, bien podría haberse vuelto a su casa, sin más.

Y he dicho premeditación, porque no es irreflexivo. Las elecciones de la mente humana pueden ser muchas cosas, pero nunca son aleatorias. Si yo excluyo a una persona por su madurez, es un acto premeditado.

Y he dicho negligencia, porque no se está cuidando el futuro. No se está pensando a largo plazo. O dicho de otra forma, las «cabezas pensantes» de esta sociedad, que no sabe hacia donde va, quizá tengan altos niveles de CI, pero están demostrando una enorme carencia de pensamiento complejo.

Me explico…

¿Qué habría sido del joven Skywalker sin la preparación y el asesoramiento de su maestro? ¿habría caído en el lado oscuro como su padre?… cuando su padre era joven e intrépido…

Esta «vida líquida» en la que estamos inmersos, y en la que no sabemos hacia donde vamos, y mucho menos ahora, con la nueva variable llamada pandemia, se sustenta gracias a la indiferencia. (Véase Diario de campo – 12 de Octubre de 2020)

«Cuando mostramos indiferencia, carecemos de la comprensión plena del amor por la vida. Al carecer de esta comprensión, nuestro estadio de conciencia es muy limitado. Naturalmente conciencia tenemos en tanto que seres vivos, pero no con la suficiente amplitud y profundidad. Al ser capaces como especie de constituir sociedades complejas, la falta de amplitud y profundidad de la conciencia, pone en serio riesgo nuestra preservación como especie. He aquí de forma breve, donde reside la falta de compromiso».

Esta afirmación que hago tiene, al menos para mí, cierta base científica. E insisto, digo al menos para mí, porque lo peor que puede hacer un científico es mostrar arrogancia. Espero no caer en ella. Yo tengo una hipótesis razonablemente válida, y con eso, de momento me vale.

Esa indiferencia está conduciendo a miles, o quizá a decenas de miles, o tal vez cientos de miles de personas que se encuentran en «la mejor fase de su existencia» a no poder enfrentar su destino. El que ellas elijan.

¿La mejor fase de su existencia?

Sí. Las personas que nos dedicamos al estudio y comprensión de pensamiento complejo sabemos, que éste sólo es alcanzable en la madurez de la persona. Y que el pensamiento complejo y todas sus cualidades, no están directamente vinculadas a un mayor o menor CI. Esto no significa que haya que cumplir una edad determinada para ello, pero sí hay que atravesar ciertas «fases experienciales» en la vida. Y resulta poco probable atravesarlas si no es con el tiempo suficiente.

Y por supuesto, tampoco significa que atravesar dichas fases experienciales, nos dote del pensamiento complejo. Sino que su desarrollo requiere de esas fases.

Es decir, la exclusión de estas personas en la configuración de una sociedad sólida, que están capacitadas para desarrollar una complejidad de pensamiento mucho mayor, y con ello, una mayor amplitud y profundidad de su conciencia, está haciendo peligrar la continuidad de la sociedad, y en última instancia, la preservación de la especie humana.

Y esto es posible gracias a la indiferencia, a la falta de «amor por la vida», y a la carencia completa de compromiso.

¿Exagero? Quizá. Pero tampoco creo exagerar más, de lo que puede estar exagerando un epidemiólogo hoy, con tal de evitar una catástrofe mayor.

No obstante, debo remarcar que el fondo de este artículo es aplicable a cualquier otra faceta de la vida humana, e incluso de la vida en general. Y recuerda, si estás leyendo esto… «no, no lo intentes… hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes».

Que la Fuerza nos acompañe…

Mis más sincero agradecimiento por la inspiración proporcionada a Zygmunt Bauman y a George Lucas.