Diario – 5 de Febrero de 2021

Hace un par de días alguien me dijo: «sólo tú eres tan osado como para hablar de amor».

Al principio no le presté excesiva atención. Pero esa noche, cuando me fui a dormir, volvió a mí –¿realmente soy tan osado?– pensé.

El caso es que yo no hablo del amor como se habla habitualmente. Para mí se trata del «Amor por la vida». Amor por la esencia de todas las cosas. Cosas pasadas, presentes y futuras. Cosas buenas y malas. Naturalmente que sí, ¿o acaso acertamos si no hemos errado antes?

De todas las aptitudes que puede necesitar una persona en su vida, sean profesionales o no, ésta es la más importante: «comprender en qué consiste el amor por la vida, para practicarlo allá donde estés, allá donde vayas, y hagas lo que hagas».

Porque de todas las cosas que podemos llegar a percibir y a sentir, «el amor por la vida» es la única que puede llegar a trascender las dimensiones del tiempo y el espacio.

¿O acaso hay alguien que desearía pasar la eternidad en la más absoluta indiferencia? Si es que este fuera el caso.

La pregunta es, ¿por qué nos cuesta comprender esto?

Mi respuesta es que el pensamiento humano ha de alcanzar un nivel de complejidad razonable para llegar a esta conclusión. A comprender toda su importancia.

Y es justo en ese punto donde ya estamos evolucionando nuestra conciencia a un nivel aceptable.