En realidad esto no es nada nuevo. Mucha gente lo hace. Hace ya algunos meses alguien me preguntó: «¿no te molesta que te copien las ideas?»

La cuestión es, ¿se pueden copiar las ideas? ¿y de que sirve? Lo que quiero decir es que yo puedo copiar un dibujo, puedo copiar un texto o una frase, e incluso puedo copiar la receta del bacalao ajoarriero… ¿pero las ideas?

Una idea es, digamos, resultado del pensamiento en acción. Es producto de una génesis.

Pero lo verdaderamente relevante siempre es el proceso, y no su producto. Si copias un producto sin comprender su génesis, no tendrás nada. Mañana volverás a la casilla de salida: el vacío de tu mente. Aquí reside la esencia del riesgo que supone asumir discursos ajenos, sin más.

Sin embargo, cuando comprendes su génesis, no necesitas copiar el producto. Tu motivación te conducirá a crear el tuyo propio, resultado de tu propia génesis. Porque también conviene recordar, que no es lo mismo sentirse una persona motivada, que ser una persona sugestionada.

Las ideas, al igual que tus pensamientos, es algo que tú haces. Y es para ti, para siempre. Podrán servir a otras personas de inspiración, pero nunca perderás tu dominio sobre tus ideas, porque lo hiciste tú.

Hace un par semanas mientras tomaba el desayuno, cogí una de esas servilletas que llevan frases escritas, decía «los buenos días no se dan, se hacen». Y pensé, «anda mira, como el Amor»…